Investigadores aplicaron esta tecnología a extractos del meteorito Murchison, el cual cayó en Australia en 1969 y contiene numerosos compuestos orgánicos.
También analizaron muestras procedentes del desierto de Atacama (Chile), uno de los ambientes terrestres más utilizados para estudiar condiciones ambientales comparables, en ciertos aspectos, con las de Marte porque este desierto, dada su altura con respecto al nivel del mar, presenta muy baja humedad.
En sus experimentos los científicos japoneses emplearon un conjunto de 11 aminoácidos para evaluar la capacidad del dispositivo que construyeron. Así, identificaron compuestos presentes en muestras químicas complejas, de tal suerte que los resultados permitieron reconocer algunas características importantes de su composición.
Aunque reconocen que durante los experimentos presentaron dificultades para identificar moléculas poco abundantes y tuvieron problemas con respecto a la precisión de los análisis, esta nueva tecnología podría ser una excelente alternativa para identificar moléculas orgánicas a partir de mediciones eléctricas.
De hecho, allanaría el camino para que en futuras misiones espaciales un instrumento con estas características analice muestras del suelo marciano y hasta materiales procedentes de asteroides.
Además, si se encontraran aminoácidos con un predominio significativo de una configuración molecular determinada —L o D— podrían investigar si ese desequilibrio es producto de procesos químicos naturales o, en cambio, constituye una posible señal de actividad biológica. Esto último significaría que podría buscarse vida más fácilmente.