Un equipo de científicos ha confirmado que un nanorrobot de menos de una micra puede perseguir, capturar y reubicar bacterias usando solo luz, alcanzando velocidades de hasta 50 micrómetros por segundo.
El trabajo, publicado en Nature Communications, demuestra además que este diminuto dispositivo puede ejecutar giros rápidos, barrer áreas definidas y funcionar como un auténtico “limpiador” del universo microscópico.
La imagen resulta casi poética: una máquina diminuta, mucho más pequeña que el grosor de un cabello humano, desplazándose en el agua como si tejiera una coreografía de luz entre bacterias vivas. Pero detrás de esa escena casi futurista hay física de precisión, nanotecnología y un objetivo muy concreto: manipular organismos microscópicos allí donde hasta ahora era extremadamente difícil intervenir con control.
Lo verdaderamente llamativo no es solo su tamaño, sino su obediencia. Estos nanorrobots no flotan al azar: pueden orientarse con la polarización de la luz y moverse gracias al retroceso de los fotones, un principio que recuerda, a escala casi inconcebible, al impulso de un proyectil al salir de un arma. Ese control fino abre una puerta sugerente para la microbiología, la investigación biomédica y el diseño futuro de sistemas capaces de actuar donde el ojo humano solo intuye sombras.
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