Los profesores de todos los niveles educativos se enfrentan hoy a un problema sin precedentes: la omnipresencia de la inteligencia artificial (IA).
Esta nueva tecnología promete revolucionar los modelos de aprendizaje y facilitar, en muchos casos, la comprensión de temas complejos.
Sin embargo, existe una línea muy delgada entre utilizar sistemas como ChatGPT como herramienta de apoyo y delegar el 100% de la resolución de las tareas a un sistema automatizado. La adopción en masa de la IA generativa abre muchas interrogantes para la educación. Una de las más apremiantes es: ¿Cómo pueden los docentes saber con certeza si están ante un trabajo total o parcialmente resuelto de manera artificial?
En Reino Unido una encuesta realizada este año por el Higher Education Policy Institute de Oxford a 1,054 estudiantes de pregrado encontró que alrededor del 94% utilizaba herramientas de IA generativa para apoyarse en trabajos evaluados, mientras que 12% reconoció haber incorporado directamente texto generado por IA en sus trabajos.