El caso de Evan Budz es de lo más particular: solo tiene quince años y ya ha inventado algo que resulta tremendamente eficaz y lo ha hecho utilizando como herramienta lo que tanto se demoniza hoy en día: la inteligencia artificial (IA).
La idea de crear un dispositivo para monitorizar la vida marina le surgió durante una acampada, cuando se quedó observando la actividad de una tortuga mordedora en el agua. “Cuando la vi, era tan elegante, fluida y tan poco perturbadora…”, comenta Budz en declaraciones a Popular Science.
En esa línea, lo que el joven pretendía era crear algo que no solo sirviese para ser eficaz en su propósito, sino para ser lo más discreto posible en su labor. Así, en lugar de apostar por insertar una hélice de propulsión, como suele ser habitual, trató de imprimir a su diseño el movimiento natural de una tortuga.
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