La expansión acelerada de la inteligencia artificial está empujando a los centros de datos a una situación límite: la falta de energía eléctrica suficiente para sostener su crecimiento.
Lejos de ser un problema de chips, memoria o inversión, el principal cuello de botella para los grandes proyectos de IA es hoy el acceso a electricidad en volúmenes masivos y de forma inmediata.
Ante este escenario, operadores de centros de datos han comenzado a utilizar turbinas basadas en motores de avión, así como generadores diésel y de gas, como fuente principal de energía, una solución que hasta hace poco se consideraba extrema e impensable.
El fenómeno se observa con especial intensidad en Estados Unidos, donde las redes eléctricas no logran absorber la demanda creciente de los centros de datos dedicados a IA.
Las listas de espera para obtener una conexión eléctrica de alta potencia se extienden entre cinco y siete años, un plazo incompatible con proyectos valorados en miles de millones de dólares que compiten por llegar primero al mercado.
Fuente: infobae
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