Una parte de los usuarios usa la inteligencia artificial para expresar tristeza, cansancio o ansiedad. Un reporte de Kaspersky documenta que 21% de los mexicanos que utiliza herramientas de IA afirma hablar con chatbots cuando se siente triste o decaído.
En la vida cotidiana, esto se traduce en que la IA dejó de ser solo una herramienta para resolver tareas y empezó a operar como un lugar donde se procesan emociones, se busca contención y se comparten detalles personales.
La interfaz conversacional ofrece disponibilidad inmediata, respuestas rápidas y un trato que se percibe como libre de juicio, lo que reduce barreras para hablar de temas íntimos.
En un país donde el acceso a atención psicológica es desigual y donde persisten resistencias culturales para hablar abiertamente de salud mental, la IA entra como alternativa de bajo costo: sin cita, sin traslado y sin exposición social. Sin embargo, el mismo atractivo que la vuelve fácil también puede volverla riesgosa, porque la sensación de intimidad no equivale a confidencialidad.
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