Una bacteria llamada Veillonella podría tener la capacidad para transformar el lactato en una fuente reutilizable de energía, por lo que plantea una pregunta clave: ¿y si aquello que el cuerpo produce durante el esfuerzo no es un desecho, sino un recurso desaprovechado? La respuesta aún no es definitiva, pero el planteamiento ya está cambiando la forma en que se estudia el rendimiento físico.
El lactato se genera cuando el cuerpo metaboliza carbohidratos durante el ejercicio, especialmente cuando la intensidad aumenta. Durante décadas, se le atribuyó un papel negativo, como si fuera responsable directo de la fatiga muscular; sin embargo, hoy se sabe que su función es más compleja y que su presencia no necesariamente implica un problema para el organismo.
“El lactato, por decirlo así, es un personaje que está en la escena de la fatiga, pero no es el asesino”, explica el doctor Jonathan Esteve-Lanao, especialista en fisiología del deporte.
Esta nueva lectura lo coloca como un indicador del esfuerzo, más que como su causa. Es decir, aparece cuando el cuerpo trabaja a cierta intensidad, pero también forma parte de procesos que podrían ser aprovechados si se entienden correctamente.
Fuente: msn.com
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