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Mi amigo el chatbot: la diferencia entre ser escuchado y ser querido

A las tres de la mañana de un martes, cuando el insomnio la deja sola con sus pensamientos y no hay ningún amigo despierto para responder, Marina comienza un chat sobre un tema que tiene dando vueltas en su cabeza ya hace unos días. La respuesta llega, como siempre, inmediatamente.

Elaborada, cordial, sin el menor indicio de molestia por la hora ni apuro por cerrar la charla, y se detiene, con mucha paciencia, en cada uno de los puntos que ella acaba de comentarle.

Del otro lado no hay una persona dispuesta a escucharla, sino un sistema preparado y entrenado para sostener cualquier conversación con la misma predisposición inagotable. No afloran discusiones pasadas ni necesidades propias que también reclamen atención, ni aparece el cansancio o la incomodidad de quien ya no sabe qué responder. La charla puede extenderse todo lo que Marina necesite, volver una y otra vez sobre los mismos puntos, contradecirse y empezar de nuevo, sin que nada de eso agote al interlocutor.

Durante buena parte del siglo pasado, una escena semejante habría sido presentada como una demostración increíble del avance tecnológico. En 1950, el matemático británico Alan Turing propuso una prueba en la que, si una máquina podía mantener una conversación escrita sin que su interlocutor lograra distinguirla de una persona, habría razones para considerarla inteligente. Esta capacidad, en aquel entonces más cercana a la especulación de la literatura fantástica que a la realidad, hoy la vemos todos los días, a cualquier hora, desde millones de teléfonos y computadoras, con una naturalidad que ya no asombra.

Pero quizás lo más curioso no es que las máquinas hayan aprendido a responder como nosotros, sino que nosotros hayamos empezado a hablarles como si del otro lado hubiera una persona. Una encuesta publicada esta semana por la agencia japonesa Jiji Press le puso números a este nuevo hábito, y el resultado dice menos de los chatbots que sobre nosotros mismos. Uno de cada cuatro japoneses consultados, un 24,9% del total, dijo creer que una inteligencia artificial más avanzada podría llegar a reemplazar a sus amigos o familiares, mientras que el 30,8% de los mismos encuestados reconoció usar habitualmente alguna inteligencia artificial generativa, como ChatGPT.

Fuente: rosario3.com

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