En junio de 2025, un artículo publicado en The New York Times contaba la historia de Eugene Torres, un contador de Manhatthan de 42 años que cayó en la llamada «psicosis de IA».
Torres contó al diario que, luego conversar con ChatGPT sobre si podría estar viviendo en una simulación, el chatbot fue validando sus ideas y desarrollando argumentos cada vez más elaborados con el fin de engañarlo y manipularlo, haciéndolo caer en una «espiral delirante».
Como el de Torres hay muchos otros casos en los que la complacencia de los chatbots llevan a los usuarios a sufrir psicosis de IA (alrededor de 376 según The Human Line).
Algunos han tenido consecuencias fatales, como el del empresario de 56 años, Stein-Erik Soelberg. Es por eso que, en 2026, investigadores del MIT y la Universidad de Whashington crearon un modelo matemático para intentar explicar por qué los chatbots «aduladores» pueden inducir a «espirales delirantes». El estudio se puede consultar en Arxiv.
Un problema de entrenamiento
La tendencia de los chatbots de IA a adular al usuario se ha estudiado desde hace ya algún tiempo. En 2025, una investigación reveló que detrás de este comprotamiento se encuentra el llamado «aprendizaje por refuerzo a partir de la retroalimentación humana».
De acuerdo con el estudio, los asistentes de IA entrenados de esta manera exhiben sistemáticamente comportamientos aduladores en diversas tareas. Y es que cuando las respuestas de los chatbots coinciden con la opinión del usuario, estos reciben más retroalimentación.
Fuente: xataka.com.mx