El olfato humano puede advertirnos cuando una comida huele mal, pero no siempre llega a tiempo. Algunos alimentos comienzan a descomponerse antes de emitir un olor evidente, y ciertos alérgenos pueden estar presentes en cantidades tan pequeñas que resultan imposibles de detectar sin análisis específicos. Ahí es donde una nueva “nariz electrónica” podría marcar la diferencia.
Investigadores de la Universidad de California en Berkeley desarrollaron un chip sensor capaz de identificar los gases que liberan distintos alimentos, tanto frescos como en mal estado. También puede detectar la presencia de frutos secos alergénicos, como nuez, maní, avellana o anacardo, a partir de las sustancias volátiles que desprenden. La idea es que la tecnología funcione como un olfato artificial, pero con una sensibilidad y una objetividad mucho mayores.
El dispositivo no “huele” como una persona. En realidad, analiza las señales químicas que flotan en el aire alrededor de los alimentos. Cuando una fruta madura, una carne empieza a deteriorarse o un producto contiene trazas de un alérgeno, libera compuestos orgánicos volátiles. El chip detecta esas señales y luego una inteligencia artificial se encarga de interpretar el patrón.
La clave está en que el sistema no depende de un único sensor. El chip incluye 16 sensores diferentes, cada uno recubierto con materiales sensibles distintos. Esa variedad le permite reaccionar de maneras diferentes frente a cada tipo de gas, generando una especie de huella química única para cada alimento o estado de conservación.
El corazón del dispositivo son transistores de nanotubos de carbono, estructuras extremadamente pequeñas y sensibles a cambios químicos en el ambiente. Cuando las moléculas liberadas por los alimentos entran en contacto con los sensores, producen variaciones eléctricas. Esas variaciones, por sí solas, no dicen demasiado; pero combinadas y analizadas con IA permiten reconocer patrones muy sutiles.
Durante las pruebas, los investigadores expusieron el chip a alimentos frescos, productos envejecidos y frutos secos asociados a alergias. El sistema logró diferenciar entre varias muestras con una precisión superior al 90 %. También pudo detectar cantidades muy pequeñas de nuez, lo que apunta a un posible uso futuro para personas con alergias alimentarias graves.
Fuente: es.gizmodo.com
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