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La inteligencia artificial (IA) atrajo la atención global, ocupó titulares y generó conversaciones ambiciosas entre directivos e inversores.
La promesa es enorme: eliminar tareas repetitivas, mejorar la productividad y acelerar la innovación como nunca antes. Sin embargo, a medida que el entusiasmo inicial se convierte en uso concreto, el camino hacia su adopción resultó menos simple de lo que la publicidad sugiere.
Los datos recientes reflejan esta distancia con claridad: el 62 % de los empleados cree que la IA está sobrevalorada. Esa cifra revela una desconexión evidente entre lo que promete la tecnología y lo que viven, cada día, quienes deberían usarla. Para los líderes, no alcanza con transmitir una visión. El desafío es transformar ese potencial en valor real y medible para la compañía y para quienes trabajan en ella.
El impacto potencial de la inteligencia artificial no tiene precedentes. Según distintas investigaciones, podría generar hasta US$ 2,9 billones en valor para las empresas gracias a mejoras en eficiencia y productividad. Pero alcanzar ese valor exige mucho más que solo implementar tecnología: requiere una base sólida.
Fuente: Yahoo
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