Los centros de datos tienen un problema paradójico: consumen enormes cantidades de energía para hacer funcionar sus procesadores y después necesitan gastar todavía más electricidad para eliminar el calor que esos mismos equipos generan.
Investigadores de Alemania y Japón acaban de demostrar un sistema de refrigeración que plantea darle la vuelta a esa ecuación: usar calor para impulsar el propio proceso de enfriamiento.
El dispositivo fue desarrollado por científicos del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT), en Alemania, y la Universidad de Tsukuba, en Japón. No utiliza un compresor convencional ni necesita un motor eléctrico para accionar el ciclo de refrigeración.
En su lugar, emplea dos películas metálicas ultrafinas fabricadas con aleaciones con memoria de forma. Estos materiales tienen la particularidad de cambiar de estructura y recuperar una forma determinada cuando reciben calor.
Una película de titanio y níquel, de apenas 22 micrómetros de espesor, funciona como actuador. Al calentarse, se contrae y convierte energía térmica en movimiento mecánico.
Ese movimiento estira una segunda película de titanio, níquel y hierro, de 26,5 micrómetros. Cuando esta última se libera, su estructura cristalina vuelve a cambiar y absorbe calor, produciendo el llamado efecto elastocalórico.
Fuente: impactocastex.com.ar