Cada semana surge una nueva discusión sobre inteligencia artificial. La de este domingo parte de una crítica cada vez más frecuente: que la IA escribe igual para todos.
No, no es así. Escribe como cada persona le enseñó a escribir.
Herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini pueden potenciar el talento, siempre que no se utilicen para reemplazar el criterio. La calidad de una respuesta depende tanto del modelo como de la información, las instrucciones y el pensamiento que recibe.
La calidad de la IA depende de la calidad del trabajo previo
Un periodista puede pasar cuatro horas haciendo reportería, conversar con diez fuentes, revisar documentos y encontrar un dato que cambie por completo una historia. Pero si al final reduce todo ese trabajo a tres líneas dentro de un prompt, la IA solo podrá escribir a partir de esas tres líneas. Los matices, las contradicciones y los hallazgos se quedaron fuera antes de que la máquina comenzara a redactar.
También están las muletillas que delatan su uso: “no se trata de esto, sino de aquello”, “en contexto”, “en conclusión”, “en un giro inesperado de la historia”, “rompió el silencio”, “marca un antes y un después” o esos cierres que aseguran que algo “recién comienza”. Cuando aparecen una y otra vez, no necesariamente revelan una limitación de la IA, sino la falta de edición de quien aceptó su primera respuesta. Con el tiempo, la herramienta también aprende nuestros vicios: repite las palabras que permitimos, las estructuras que nunca corregimos y hasta esa solemnidad artificial que confundimos con buena escritura.
Fuente: expreso.ec