Durante décadas, la niebla fue considerada un simple conjunto de diminutas gotas de agua suspendidas cerca del suelo. Sin embargo, una investigación reciente reveló que este fenómeno atmosférico alberga una intensa actividad biológica.
Científicos de la Arizona State University y la Susquehanna University descubrieron que millones de microorganismos viven dentro de las gotas de niebla, donde no solo sobreviven, sino que también crecen y se reproducen.
El hallazgo aporta nueva información sobre la relación entre la vida microscópica y la atmósfera, además de abrir preguntas sobre su papel en la calidad del aire y los ecosistemas.
Bacterias en la niebla: un ecosistema que nadie esperaba
El estudio, publicado en mayo de 2026, demostró que la niebla puede funcionar como un hábitat temporal para microorganismos. Aunque menos del 1% de las gotas contienen bacterias, la enorme cantidad de gotas presentes durante un evento de niebla genera concentraciones sorprendentes. Los investigadores estimaron que un volumen equivalente a un dedal de agua de niebla puede contener alrededor de 10 millones de bacterias.
Esta densidad es tan elevada que, al analizar el conjunto de microorganismos presentes, la concentración resulta comparable a la encontrada en los océanos. El descubrimiento desafía la idea de que la niebla es un entorno pasivo y confirma que se trata de un espacio donde la vida microscópica puede desarrollarse activamente.
¿Cómo se descubrió la vida microscópica en la niebla?
La investigación se llevó a cabo durante dos años en Pensilvania, Estados Unidos, donde los científicos analizaron 32 eventos de niebla de radiación, un tipo de niebla que se forma cuando el suelo se enfría y condensa la humedad del aire en condiciones de poco viento. Esta característica permitió obtener muestras consistentes y reducir la influencia de factores externos.
Para realizar el estudio, los investigadores recolectaron aire antes, durante y después de cada episodio de niebla. Posteriormente, condensaron las gotas para examinar su contenido mediante análisis microbiológicos y observaciones microscópicas. Las imágenes revelaron que muchas bacterias aumentaban de tamaño y se dividían activamente, una evidencia directa de que estaban creciendo dentro de las gotas.
Fuente: ecoosfera.com