La humanidad está entrando en una nueva etapa de la historia: El nuevo campo de batalla estratégico es la Inteligencia Artificial (IA).
Estados Unidos y la República Popular China se encuentran inmersos en una competencia tecnológica que abarca los semiconductores, los centros de datos, la energía, los modelos de Inteligencia Articial, la computación avanzada, la robótica y las aplicaciones militares. La propia Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estadounidense (GAO) describe la situación como una competencia global por las capacidades de inteligencia artificial.
Pero detrás de esta disputa existe una pregunta mucho más profunda:
¿Quién controlará la tecnología que puede transformar radicalmente la producción, el trabajo, la educación, la guerra, la información y hasta la manera en que los seres humanos toman decisiones?
Esa es la pregunta que debería preocupar a toda la humanidad.
No estamos ante una simple competencia tecnológica
Presentar la confrontación entre Washington y Beijing como una carrera por fabricar mejores programas informáticos sería reducir un fenómeno histórico de enormes dimensiones.
La IA necesita chips, enormes cantidades de energía, centros de datos, infraestructura digital, grandes volúmenes de información y capital financiero. Por eso, la disputa tecnológica se extiende también hacia los semiconductores, las cadenas de suministro, las fuentes energéticas y las redes internacionales.
Estados Unidos ha utilizado controles a la exportación de chips avanzados y tecnología de fabricación de semiconductores para limitar las capacidades chinas, mientras China desarrolla políticas destinadas a fortalecer su autonomía tecnológica.
Fuente: acento.com.do