Hasta hace poco, la redacción era un proceso fundamentalmente manual que exigía una serie de habilidades concretas: ordenar ideas, desarrollar argumentos o sintetizar, elegir ejemplos y metáforas, organizar las ideas en oraciones y párrafos, darles a todos ellos una coherencia y un estilo. Cuanto mejor se nos dieran esas habilidades, o más las practicásemos, mejor sería la calidad de nuestra escritura.
Por ejemplo, para «bordar» una redacción en el instituto no bastaba con escribir lo primero que se nos viniera a la cabeza. Era necesario reflexionar sobre cómo redactar y revisar el texto varias veces para cumplir con una serie de criterios.
Hoy en día, aunque sigue existiendo el conjunto de criterios y las habilidades descritas siguen siendo importantes, perfeccionar una redacción ya no depende únicamente de la capacidad humana, porque cualquier estudiante tiene a su disposición numerosos programas de inteligencia artificial que pueden mejorar todo tipo de escritos en segundos. Incluso, permiten elaborar textos completos con tan solo una serie de indicaciones generales.
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