El hígado tiene una extraordinaria capacidad regenerativa pero cuando hay enfermedad hepática terminal, la única opción es el trasplante, algo extremadamente difícil por la escasez de hígados y la alta demanda. Solo en Estados Unidos, el 20% de los pacientes en lista de espera fallece antes de conseguir un donante.
Aunque se están realizando esfuerzos ambiciosos para crear órganos completos en laboratorios, el tamaño máximo de las estructuras hepáticas diseñadas hasta ahora ha sido insuficiente para ayudar a los pacientes pero, ahora, un equipo de científicos del Instituto Wyss de la Universidad de Harvard, la Universidad de Boston y el MIT, ha propuesto un cambio de paradigma cuyos detalles se han publicado este viernes en la revista Science Advances.
La nueva estrategia propone -en lugar de fabricar un órgano completo fuera del cuerpo-, implantar una estructura pequeña y «programarla» genéticamente para que crezca directamente dentro del paciente.
Para ello, los investigadores idearon una técnica denominada BOOST (bioengineered on-demand outgrowth via synthetic biology triggering o crecimiento bioingenierizado bajo demanda mediante activación por biología sintética) cuyo objetivo es crear un «hígado satélite» que pueda expandirse tras su injerto para aliviar la carga metabólica del órgano dañado.
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