La inteligencia artificial (IA) y su creciente infraestructura física se han convertido en parte de la campaña electoral de demócratas y republicanos de cara a las legislativas de medio mandato en Estados Unidos por la preocupación de muchos ciudadanos y el millonario desembolso de la industria tecnológica en propaganda durante esta contienda política.
Esta tecnología ha pasado a ser un factor electoral incómodo, pero ineludible para republicanos y demócratas, pues está marcado por el escepticismo de los votantes y la falta de consenso legislativo, entre otros aspectos.
Aunque las preocupaciones centrales del electorado siguen ancladas en la inflación y el coste de la vida, la IA y los centros de datos se han consolidado como un foco de tensión local.
Miedo a la IA
Según un sondeo de CBS News, el 52 % de los estadounidenses cree que los modelos de IA acabarán causando daños a las personas y un 68 % teme su uso por parte de actores hostiles.
A pie de calle, la instalación de centros de datos para alimentar estos sistemas ha despertado una notable contestación ciudadana por su consumo masivo de agua y electricidad. Un sondeo de AP-NORC refleja que cerca del 60 % de los ciudadanos respalda limitar su construcción.
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