Llegó al Tec campus Monterrey para estudiar ingeniería en mecatrónica, pero su interés en aplicaciones médicas y biológicas llevó a Diego Quevedo a buscar dónde poder desarrollarlas.
De esta manera se sumó al Laboratorio Álvarez-Trujillo, que se enfoca en biofabricación avanzada, ingeniería de tejidos y bioimpresión caótica. Ahí nació su trayectoria como investigador.
Su labor le abrió las puertas del Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde actualmente estudia el doctorado e impulsa el desarrollo de corazones artificiales.
Esto con el sueño de poder trasladar su labor de investigación a una aplicación en la medicina y así salvar vidas.
Supo del Laboratorio Álvarez-Trujillo por una convocatoria, pero al no poder entrar a ésta se contactó con los doctores Mario Álvarez y Grissel Trujillo para saber cómo podía participar.
Lo invitaron a colaborar con una estudiante de maestría en su proyecto, propuesta que aceptó, y desde ese momento fue parte del laboratorio durante todos sus estudios profesionales.
“Empecé a aprender muchas técnicas de laboratorio, cultivo celular, bioimpresión, tinciones, microscopía, todas esas que van más allá de mi carrera, nada que ver con ingeniería mecatrónica, eran puras técnicas biológicas y de bioingeniería”, explicó.