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Inteligencia artificial hambrienta de nuestros datos de salud:

Tiempo de lectura: 3 minutos
  • Riesgos de discriminación (como en el caso de Optum) o posible tratamiento ilícito de datos sensibles (proyecto Nightingale de Google y Ascension): el uso de la inteligencia artificial en la asistencia sanitaria tiene muchas ventajas, pero también una serie de áreas grises que no pueden subestimarse. La imagen

Los últimos escándalos -los proyectos Optum y Nightingale de Google- relativos a la inteligencia artificial en Salud nos recuerdan cuando la relación entre estos dos mundos es compleja, difícil y conflictiva. Y hasta dónde debemos llegar para encontrar un equilibrio para una IA que sea beneficioso para los pacientes y al mismo tiempo respete su privacidad y sus derechos.

Sabemos que la integración de la inteligencia artificial en el ecosistema de la salud proporciona una multitud de beneficios, incluyendo la automatización de las actividades y el análisis de grandes conjuntos de datos de pacientes predestinados a proporcionar una atención sanitaria mejor, más rápida y más barata para los afectados y para la sociedad en general.

Sin embargo, como es fácil de ver, la inteligencia artificial se basa en datos proporcionados por el hombre, lo que significa que siempre existe el riesgo de que el conjunto de datos pueda ser «defectuoso por diseño»[1].

Por no mencionar el posible abuso de los datos de los usuarios por parte de las conocidas grandes empresas de tecnología involucradas en proyectos en este campo.

En un mercado sanitario hipersensible, será esencial establecer nuevas normas éticas para abordar y prevenir los prejuicios que puedan derivarse de un sistema de inteligencia artificial más reciente y para proteger los datos sensibles de los pacientes.

Cómo funciona IA en el cuidado de la salud y cuáles son los beneficios

El uso de la inteligencia artificial en el campo de la salud implica el uso de algoritmos que permiten emular el papel del hombre en el análisis de datos médicos complejos. En particular, es posible entender la inteligencia artificial como la capacidad de los algoritmos informáticos para extraer conclusiones aproximadas sin la intervención directa del operador «persona física» (por ejemplo, el médico).

Los beneficios de la inteligencia artificial en el campo de la salud han sido ampliamente discutidos en los últimos años, proponiendo también hipótesis «audaces» que contemplan la posibilidad de sustituir -en el futuro- al médico «ser humano» por soluciones «nacidas» de la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial en el campo de la salud puede aprender «autónomamente» de una gran cantidad de datos de salud, y luego utilizar la información obtenida en la práctica clínica y en la evaluación de riesgos para la salud; puede extraer información útil de una gran población de pacientes para ayudar a estimar en tiempo real los riesgos para la salud de la comunidad, prediciendo problemas y sugiriendo soluciones; puede realizar tareas puramente repetitivas, como el análisis de pruebas, radiografías, tomografías por ordenador o la introducción de datos en el sistema informático; puede ayudar a reducir los errores diagnósticos y terapéuticos que son inevitables en la práctica clínica llevada a cabo por el personal sanitario; puede ayudar a los médicos proporcionando información actualizada sobre la salud a través de revistas, libros de texto y prácticas clínicas que ayudan al profesional de la salud a tratar adecuadamente al paciente; puede gestionar los registros médicos y analizar el rendimiento de un único centro de atención sanitaria o de todo el sistema de atención sanitaria regional o nacional; puede ayudar a desarrollar un medicamento de «precisión», con la aplicación de nuevos fármacos basados en un procesamiento más rápido de las mutaciones de la enfermedad que se está examinando; o puede proporcionar servicios de consultas digitales y de vigilancia de la salud, actuando como «enfermera digital».

La inteligencia artificial también puede automatizar algunas actividades administrativas, como la comprobación de facturas impagadas y la retención de datos (con los correspondientes perfiles de «privacidad»), todo ello con el fin de facilitar la carga de trabajo de los profesionales de la salud con un ahorro considerable en términos económicos. La inteligencia artificial tiene la capacidad de analizar grandes conjuntos de datos transportando al profesional de la salud a un análisis predictivo de una multitud de casos; estos sectores que obtienen rápidamente la información de los pacientes es vital para el ecosistema de la atención sanitaria, ya que ayuda a identificar qué «áreas» preestablecidas para la atención de los pacientes requieren mejoras e implementaciones.

Con la «entrada en el campo» de los dispositivos vestibles del ecosistema m-salud, la inteligencia artificial se convierte en «portátil», abriéndose paso no sólo en el sector sanitario sino también en el sector «recreativo/deportivo». El software con inteligencia artificial integrada, como los dispositivos FitBit (de Google) o Apple Watch, pueden analizar varios parámetros vitales de una persona, alertando al usuario y/o a los profesionales de la salud sobre posibles problemas y riesgos para la salud. La capacidad de evaluar la propia salud a través de la tecnología facilita la carga de trabajo de los profesionales de la salud y evita exámenes médicos que pueden resultar adicionales.

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